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300 hectáreas de lavanda para ver, oler, disfrutar y fotografiar.

He querido comprobar si es tan fascinante la eclosión de color y olor que  las redes y los medios aseguran que invade ahora la Alcarria, concretamente en Brihuega, que celebró el fin de semana del 15 de julio el VI Festival de la Lavanda.

Y sí, es verdad. Cuando te vas acercando a las plantaciones, impresiona el color y la forma de tantas plantas en flor en extensas llanuras. Sientes la tentación de bajarte del coche con las cámaras para captar e inmortalizar ese colorido y esas imágenes, una naturaleza tan bonita.

Y,  a la vez, el inconfundible olor, que te entra por todos los sentidos, intenso, fresco, que te hace comprender por qué somos parte de la naturaleza. Sí, quizás los reyes por poder disfrutarla en plenitud, o los miserables cuando no la cuidamos o la destruimos.

Los balcones de la villa amurallada de Brihuega, declarada conjunto histórico-artístico, están vistosamente decorados con lazos de color morado, en sintonía con los campos de los alrededores, con sus flores violáceas o púrpuras que van a ser recolectadas.

Como somos miles los visitantes, los organizadores han montado unos recorridos sin obstáculos para caminar entre la lavanda y poder fotografiar y disfrutar de una naturaleza tan pura aunque encauzada por el hombre.

Cobran dos euros por visitante y cinco por realizar un reportaje gráfico. Pero vale la pena. Dicen que aquí, en esta zona que se autodenomina jardín de la Alcarria, se produce el diez por ciento de la cosecha mundial de lavanda, sembrada hace pocos años por vecinos que descubrieron la Toscana en esta época. 

 

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Algunos carteles te recuerdan no fumar y respetar la plantación, sin pisarlas ni arrancarlas. Parece un sacrilegio que tengan que hacerte esa advertencia.

Porque los visitantes impregnan sus sentidos de algo tan fascinante que observo a unas turistas chinas maquillándose en el coche para salir más guapas y no desentonar con un entorno tan vistoso, colorido, inspirador, fragante y sugerente, todo un espacio natural convertido en plató, donde te emborrachas de tantas posibilidades que tienes para fotografiar.

También es un gran banquete para las abejas que aprovechan para hacer su importante trabajo, y un espectáculo observar la ternura de las mariposas que revolotean continuamente.

A partir de las 8 de la tarde hay un río de personas que quieren disfrutar de la puesta de sol y el olor durante el paseo tan especial, mientras aparecen  fotógrafos profesionales y aficionados cargados con grandes equipos que se posicionan para inmortalizar la puesta de sol.

En fin, enhorabuena a quienes introdujeron la lavanda en Brihuega y a los vecinos que han sabido añadir a la agricultura y jardinería el espectáculo, la vistosidad y la atracción.

Mondelopress.com

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