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Pena de muerte para el aburrimiento en Villanueva de la Vera

Villanueva de la Vera

Escopeteros a tiros, calabaceros a golpes, danzantes con una bandera y uno de los trajes típicos más hermosos de España se confabulan cada carnaval en Villanueva de la Vera para escenificar una fiesta colorida y de honda simbología en la que los ritos del fuego, el estruendo, la pólvora, el disfraz y la embriaguez sacra hacen que sólo una cosa sea imposible: aburrirse en las calles ni en las casas.

Aunque el tedio perezca en estos días, sobre el papel sólo hay un condenado, un pelele a escala humana vestido a usanza barroca cuyo nombre ha acabado siendo sinónimo del carnaval en esta localidad cacereña: el Peropalo. Una figura cuyo origen parece simbolizar los suplicios de la Inquisión, lo que explica la suerte del pobre muñeco, juzgado públicamente, condenado a ejecución y muerto entre llamaradas. Eso, en apariencia; en el fondo, lo que los partochos -como gustan llamarse los villanovenses- celebran en carnestolendas es un antiquísimo ceremonial de renacimiento de la fertilidad primaveral, un tesoro antropológico estudiado por investigadores fascinados por la fidelidad con que esta tierra conserva vivos rituales de época prerromana.

El Peropalo mantiene una parte bullanguera, pública y estruendosa, y otra callada y secreta, sólo apta para iniciados. A escondidas, por ejemplo, es fabricado el pelele que simboliza la fiesta. Un comité de vecinos crea el muñeco de paja, siguiendo una serie de preceptos ocultos a ojos forasteros que incluye el cosido del traje, cuya entrepierna tan sólo pueden pespuntear mujeres. Como remate de obra, el futuro condenado recibe la última gracia de un cigarro entre los labios.

La parte más vistosa comienza el domingo anterior a que empiece el carnaval. Conocido con el nombre de Domingo de la Cabeza, por el sencillo motivo de que ese día se saca en triunfo por el pueblo la testa del pelele guardado en casa de los capitanes, quienes gozan del honor de presidir los festejos, un título rotatorio que, para todo partocho, es el más alto cargo que puede haber en el mundo.

Comenzado el carnaval, el Peropalo es situado en lo alto de la aguja, el largo palo en el cual estará todas las fiestas, aunque no hay día en el cual no se le descuelgue un rato para pasear por el pueblo llevado por los vecinos, caracterizados con blusones, caras tiznadas, sombreros de paja, elaborados mantones y camisas bordadas. Combates simbólicos, como la «judiá», y música de continuo, a cargo de rondas y tamborileros, marcan los siguientes días, en medio de una gran juerga que tiene en la plaza mayor su epicentro principal, frente al pelele situado al lado del Ayuntamiento y entre constantes convites a dulces, vino y licores. Una embriaguez ritual que también protagoniza la corrida de elecciones, cuando un mozo sobre un burro es paseado en tumulto entre estruendosos disparos de salvas de escopeteros, en emulación de los condenados por el Santo Oficio. Una tradición objeto de polémica desde que en 1986 una organización protectora de los asnos, The Donkey Sanctuary, denunció que suponía maltrato animal. Mucho ha evolucionado la corrida desde entonces, siempre bajo la atenta vigilancia de la asociación británica, que sigue solicitando que se suprima el borrico. Los partochos se niegan, a la vez que procuran que el pollino -el mismo todos los años-sufra lo menos posible, aunque del estruendo de tiros, gritos y aglomeraciones no se libran ni el jumento ni los participantes humanos.

La corrida de elecciones marca la mañana del día grande del festejo, el martes de carnaval, que por la tarde se cierra con tres actos principales. El primero, la comitiva de calabaceros, que portan unas cachiporras hechas con cucurbitáceas para aporrear a quienes osen interceder por el reo. El segundo es un desfile con trajes tradicionales que culmina en la jura de la bandera, donde varones del pueblo bailan la enseña y su mástil. Y cuando la luz decae, se ejecuta al Peropalo, quemado en la plaza mayor, lanzada al viento la paja que rellena su interior y luego tiroteados los restos de su vestimenta por todos los escopeteros, hasta que del pobre reo no queda más que el recuerdo de una fiesta sin igual, que se repite en un año y empieza ya a prepararse apenas extinguido el fuego en el que ardió el condenado.

¡Larga vida al Peropalo y muerte al aburrimiento!

Por Eliseo García Nieto. Fotos Mondelopress.com

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1 comentario en «Pena de muerte para el aburrimiento en Villanueva de la Vera»

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