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30 años de la retirada de Miguel Induráin en la Vuelta España de 1996

El día en que Induráin se bajó de la bicicleta
Se cumplen 30 años de aquel gesto que, por su sencillez, terminó convirtiéndose en uno de los momentos más simbólicos del ciclismo español: Miguel Induráin se bajaba de la bicicleta durante la decimotercera etapa de la Vuelta a España de 1996, entre Oviedo y los Lagos de Covadonga.
Fue frente a la puerta del entonces conocido Hotel Restaurante El Capitán, en plena carretera. Allí, sin grandes ceremonias y casi sin que nadie pudiera imaginar todavía la dimensión de lo que estaba sucediendo, Induráin puso pie a tierra y decidió poner fin a su participación en aquella Vuelta.
En el pelotón, prácticamente nadie esperaba su retirada. Induráin, ganador de cinco Tours de Francia consecutivos, seguía siendo una de las grandes referencias del ciclismo mundial. Pero aquel día las sensaciones no eran buenas. Las molestias físicas le estaban pasando factura y, poco a poco, se había ido descolgando.
Éramos muy pocos los compañeros de prensa que habíamos conseguido seguir de cerca aquellos kilómetros. Íbamos acompañándolo mientras perdía contacto con el grupo, viendo cómo el hasta entonces campeón casi indestructible afrontaba una situación que para muchos resultaba difícil de aceptar.
A su lado estaba el cántabro Herminio Díaz Zabala, corredor del equipo ONCE, que trataba de animarle y acompañarle en aquellos momentos complicados.
Y así llegaron hasta las inmediaciones del hotel.
Induráin se detuvo. Puso los pies en el suelo, dejó la bicicleta y cruzó la acera para entrar en El Capitán.
No hubo una escena grandilocuente. No hizo falta.
Aquel gesto, tan cotidiano como inesperado, significaba mucho más. El campeón navarro abandonaba la Vuelta a España y, con aquella retirada, comenzaba a cerrarse una era del ciclismo español.
Durante años habíamos visto a Induráin dominar las grandes vueltas, afrontar los puertos con una serenidad casi inalterable y convertir la bicicleta en una prolongación de su propia personalidad. Por eso aquella imagen resultaba tan difícil de asimilar: Miguel Induráin, el hombre que parecía capaz de soportarlo todo sobre una bicicleta, acababa de bajarse de ella.
Han pasado treinta años y aquella puerta de carretera sigue formando parte de la memoria de quienes estuvimos allí.
No fue una victoria ni una llegada triunfal. Tampoco hubo podio ni celebración.
Fue simplemente un ciclista que se bajó de su bicicleta.
Pero aquel día, frente al Hotel Capitán, Miguel Induráin cerró una de las páginas más importantes de la historia reciente del ciclismo español.
Mondelopress.com

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