La pesca con mosca a la leonesa continúa siendo una de las tradiciones más singulares de la provincia de León. Este tipo de pesca mantiene viva una práctica histórica en la que destaca el uso del gallo de León, reconocido internacionalmente por la calidad de sus plumas.
Uno de los referentes actuales en esta disciplina es José Manuel Cenador, propietario de la tienda “JM Cenador Pesca Montaña”, ubicada en Gran Vía de San Marco 53 desde 1998. Su relación con la pesca con mosca comenzó en la infancia, cuando empezó a montar sus propias moscas con apenas 12 años, en una época con escasa información disponible. Parte de su formación inicial procedía de publicaciones de entidades como Caja España, que contribuían a difundir la cultura tradicional leonesa.
Históricamente, León llegó a contar con cerca de 45.000 licencias de pesca, consolidándose como un enclave destacado en esta actividad. Entre sus modalidades, la más característica es la mosca ahogada, una técnica que utiliza varias moscas que trabajan bajo la superficie del agua, especialmente orientada a la pesca de trucha.
La elaboración de estas moscas exige precisión y conocimiento técnico. Se construyen sobre un anzuelo mediante la combinación de hilo, una “brinca” de refuerzo y, sobre todo, plumas. En este proceso destacan las del gallo de León, apreciadas por su brillo, elasticidad y resistencia.
Estas plumas proceden de gallos criados tradicionalmente en zonas del norte de la provincia, como el valle del Curueño, Boñar o La Vecilla. Existen dos variedades principales: los gallos pardos, de pluma moteada, y los indios, de tonos lisos. Ambos presentan una amplia gama cromática que permite imitar distintos insectos.
El uso de las plumas varía según su procedencia en el ave. Las de la grupa son fundamentales para la mosca ahogada, mientras que las del cuello se emplean en la mosca seca y en otras variantes como las ninfas.
La tradición de la pesca con mosca en León cuenta con referencias documentadas desde al menos 1624, lo que demuestra su larga evolución técnica y cultural. En la actualidad, el gallo de León mantiene su prestigio en mercados internacionales como Japón, Estados Unidos y el norte de Europa.
Sin embargo, esta actividad afronta dificultades derivadas de la despoblación rural. El número de criadores ha disminuido y la continuidad de la tradición depende en gran medida de aficionados y pequeños productores. Aunque la especie está protegida en Castilla y León, el relevo generacional se presenta como uno de los principales retos.
A pesar de estos desafíos, la pesca con mosca a la leonesa sigue siendo un referente en la pesca deportiva y un elemento clave del patrimonio cultural de la provincia.
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