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Vicente Aleixandre recibe el Nobel de Literatura

Vicente Aleixandre-1977

Un día en Velintonia tras el anuncio de 1977

Al día siguiente de hacerse público el Premio Nobel de Literatura concedido a Vicente Aleixandre en 1977, la casa del poeta en Madrid se convirtió en un discreto pero constante punto de peregrinación. Estudiantes, colegas y admiradores se acercaron a la calle Velintonia con la esperanza de saludar al escritor que acababa de situar la poesía española en el centro del panorama literario internacional.

A primera hora de la mañana, un grupo de escolares regresaba del colegio y aguardaba ante la vivienda con la ilusión de verlo aparecer. La escena resumía bien el impacto inmediato de la noticia: Aleixandre, poeta reservado y ajeno al protagonismo público, despertaba un interés que trascendía los círculos literarios.

Gracias a diversas gestiones, fue posible acceder al interior de la casa durante una visita de colegas y amigos que acudieron a felicitarlo. El ambiente era cercano y sereno. Alrededor de unos refrescos se sucedían las conversaciones, los recuerdos compartidos y las muestras de afecto. Aleixandre, vestido con un traje gris, chaleco y corbata oscura de discretos motivos claros, se mostraba afable, sencillo y profundamente humano.

Al día siguiente, una nueva visita permitió documentar la vivienda mientras el poeta atendía sin descanso las numerosas llamadas telefónicas que llegaban desde distintos puntos de España y del extranjero. La casa, lejos de cualquier ostentación, transmitía tranquilidad y recogimiento, reflejo fiel del carácter de su propietario.

La vivienda de la calle Velintonia, 3 —conocida cariñosamente como Velintonia— había sido durante décadas uno de los principales centros de la vida literaria española de la posguerra. Por sus habitaciones pasaron figuras fundamentales como Federico García Lorca, Miguel Hernández, Rafael Alberti, Dámaso Alonso y Gerardo Diego, así como escritores y pensadores de la talla de Pablo Neruda o María Zambrano. Generaciones posteriores de jóvenes poetas también encontraron allí un espacio de acogida, diálogo y aprendizaje.

Más que una casa, Velintonia fue un lugar de encuentro y transmisión cultural, un refugio donde se compartían ideas y se forjaban amistades duraderas. Hoy, tras años de abandono, la vivienda ha sido adquirida por la Comunidad de Madrid con el objetivo de transformarla en Casa de la Poesía y museo, con previsión de apertura en 2027.

Aquel día de 1977, mientras el teléfono no dejaba de sonar y las visitas se sucedían con respeto y discreción, Vicente Aleixandre vivía el reconocimiento más alto de su carrera sin abandonar la sobriedad que lo caracterizó siempre. En la calma de Velintonia, la poesía seguía ocupando el lugar central.

Mondelopress.com

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