La digna profesión de los limpiabotas en la España del siglo XX
¡Cuántos recuerdos me trae esta foto mía, tomada en la Gran Vía de Madrid hace ya muchos años!
Me tengo que remontar a los años 60, cuando era muy joven. Después de una dura jornada de trabajo, regresaba por la Gran Vía de la capital de España. Eran aquellos veranos en los que las calles bullían de gente y los paseantes se quedaban hasta altas horas de la noche, saliendo de los cines y las cafeterías.
Los más pudientes de la noche ocupaban los puestos de los limpiabotas para rematar la jornada. Caballeros con sombrero, actores, intelectuales y hombres de negocios consideraban casi obligatorio llevar los zapatos impecables.
Con sus zapatos relucientes, podían distinguirse de quienes llevábamos un calzado que no necesitaba pasar por las manos de aquellos trabajadores, que habían convertido su profesión en todo un arte.
Sentaban al cliente en un sillón contra la pared y, con mucho cuidado, protegían sus calcetines para que no se manchasen de betún. Trabajaban con mucho arte y rapidez para que no se formara una cola.
Tenían su característica caja de madera, decorada con fotografías de los mejores toreros y futbolistas, o de personajes conocidos, como mi amigo Federico Martín Bahamontes. En ella guardaban todo tipo de cepillos y betunes, además de los utensilios necesarios para realizar su trabajo.
Bien vale recordar hoy a estos humildes trabajadores que, sin redes sociales ni medios de comunicación como los actuales, tenían toda la información de lo que pasaba en la ciudad y en la capital de España.
Aquellos limpiabotas formaban parte del paisaje de nuestras calles y de la vida cotidiana de aquella época. Con su trabajo honrado y sencillo, fueron protagonistas de una profesión que hoy prácticamente ha desaparecido, pero que merece ser recordada.
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