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Cristina Cerrato, una mujer esquiladora comprometida con el mundo rural.

Con cerca de cincuenta grados de temperatura en una nave donde se alojan un millar de ovejas, una maquina antigua de esquilar a modo de monumento es testigo de otros tiempos no tan modernos y es propiedad del vecino y ganadero Félix Martín en la localidad de Casla; esta cuenta con más de ciento cincuenta habitantes y está situada al pie de la Sierra de Guadarrama, Segovia, en la comunidad de Castilla-León.

En plena pandemia del COVID-19 a finales del mes de julio con una temperatura difícil de soportar, se apresuran a cerrar la temporada del esquileo entre el polvo y las moscas, que no hay muchas, pero las que hay no pican, muerden.

Cristina Cerrato es una joven de 25 años, vecina de la localidad extremeña de Malpartida de la Serena, Badajoz y está comprometida con la forma de vida del mundo rural. Ella es una mujer que desde hace ya más de cinco años se enamoró del oficio de su padre Antonio Cerrato, esquilador y gran profesional, quien durante la temporada del esquileo se recorre nuestro país de norte a sur y de este a oeste, aliviando la carga del lanar de los rebaños de ovejas de nuestro país.

Cristina me cuenta que viaja y acompaña a su padre en una furgoneta equipada con unas camas y todo tipo de utensilios necesarios para poder asearse y cambiarse de ropa cuando termina la jornada.

Hacer vida, desplazarse y recorrer las instalaciones donde se encuentran tantos miles de ovejas, es una magnifica experiencia porque tiene la suerte de conocer los pueblos de nuestro país y sus gentes y al mismo tiempo trabajar con su padre haciendo el duro trabajo de arrimarle los animales para que puedan ser esquiladas; para esquilar una cada minuto, tienes que tener mucha fuerza y maña.

Cristina está muy formada en las técnicas del esquileo después de prepararse a través de un curso y lo hace con tantas ganas, que empieza a competir con su padre quien no le quita la vista de encima, para que en el futuro sea una gran esquiladora de nuestro país.

Dice que la encantan los animales y que cuando tiene la maquinilla en las manos las utiliza con mucha responsabilidad y cuidado pues lo pasa muy mal pensando que puede hacer daño a una oveja, ya que es muy fácil hacerles algún corte, porque la máquina está muy afilada.

La pelea que tienes con el animal de cuerpo a cuerpo es muy dura, porque tienen mucha fuerza y no se dejan esquilar y además la maquinilla tienes que limpiarla de polvo y engrasarla con aceite constantemente.

También le llama mucho la atención que en Francia sí haya muchas mujeres que se dedican a éste duro oficio.

Pero Cristina es una mujer joven que no pierde el tiempo; ha hecho un curso de albañilería y lo ejerce siempre que puede. Durante la temporada de recogida de la fruta, como ciruelas, melocotones y tomates, se apresura a apuntarse y dice que a algunos jóvenes les parece poco el jornal del campo, pero que en casa viviendo de las rentas de sus padres no ve ningún futuro.  Está encanta con poder viajar y tener la oportunidad de compartir tantas experiencias y aventuras acompañando a su padre, un héroe para ella. En todos los pueblos les reciben con mucho cariño porque saben que vienen a solucionar un problema y se emplean a fondo; siempre se marchan con la sensación de haber realizado una buena labor.

Bien vale la pena sufrir una buena calorina y ser testigo de cómo una mujer joven, apuesta por este tipo de trabajo como forma de vida, por los pueblos vaciados de España.

Mondelopress.com

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