¿El valle de Laciana es Europa?

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El Valle de Laciana

Mineros y familias se sienten con el carbón al cuello por  la actuación (o falta de actuación)  de los gobiernos de Bruselas, Madrid y Valladolid.

Si Europa sigue siendo un ideal y una referencia de solidaridad, justicia, dignidad y bienestar, entiendo que el valle de Laciana debe ser Europa, pero tras la experiencia que he tenido en una jornada de trabajo para realizar este reportaje sinceramente me quedan muchas dudas.

Yo me críe en la cuenca minera de Laciana y siempre he estado muy cerca de los sentimientos de las familias mineras. He mamado que desde hace más de ciento y pico de años la industria del carbón en el valle ha sido para muchas generaciones su dura forma de vivir.

Laciana, al noroeste de León,   es un valle y comarca con su capital municipal en  Villablino, y los pueblos de Rabanal de Arriba, Rabanal de Abajo, Sosas, Caboalles de Abajo, Caboalles de Arriba, Villaseca, Robles, Llamas de Laciana, Orallo, Villager, Lumajo, Rioscuro , El Villar y San Miguel.

Reserva de la Biosfera, rodeado por enormes montañas con bosques muy densos de robles, acebos, abedules, manzanos, piornos, brezo, avellanos, nogales,  castaños, arandaneras  y múltiples plantas silvestres.

En la extracción del carbón destacaron empresas como La Minero Siderúrgica de Ponferrada, que pertenecía al Grupo Victorino Alonso, y se fusionó en 2008 para pasar a ser Coto Minero Cantábrico. Las explotaciones fueron Calderón, Paulina, María, Bolsada, Freusolín, Travesal de Villablino, Carrasconte, Lumajo, Miranda, Mora y la Escondida, que en este momento está con  un ERE. Y Fonfría, a cielo abierto, que está en plena restauración con robles, acebos y  flora de la zona.

Los vecinos se quejan de que los sucesivos empresarios  han hecho el agosto en la comarca y ahora ni un solo habitante del valle trabaja en esa restauración, cuando los mineros están en el paro y muchas familias se sienten con el carbón al cuello sin trabajo y sin futuro claro para ellos y sus hijos.

Y eso los –y me- indigna, pues los responsables de  los gobiernos de Bruselas, Madrid y Valladolid  no sólo no son capaces de dar salida al valle, sino que por lo visto tampoco son capaces de hacer cumplir la ley.

En la jornada  que dediqué a realizar este reportaje me acompañaron dos jóvenes mineros,  Sergio Diez, de 36 años, y Jesus “Vilorio”, de 26, con dos hijos cada uno, el futuro del valle.

Reconozco que es muy difícil darles ánimo y esperanza en que todo se pueda arreglar cuando sus gobernantes dejan pasar cada día por delante de sus narices camiones repletos de ese preciado carbón importado del extranjero, mientras debajo de sus pies el subsuelo está repleto de ese mismo mineral que sería la solución de sus vidas.

Otras familias intentan abrir otro horizonte  y recuperar  la ganadería y la agricultura, como en épocas anteriores a la explotación del carbón, pero al ver cómo funcionan muchos  productos españoles en la Unión Europea se preguntan si no van a salir de Málaga para meterse en Malagón, Porque los gobernantes españoles les informan de otras posibilidades y formas de vida para que sus hijos no tengan que emigrar de su tierra, pero a la hora de la verdad no se mojan y se ve que ni una cosa ni la otra.

Yo he sido testigo del abandono de todas las instalaciones mineras del valle. En los lavaderos de Villablino, en su explanada, hay toneladas de carbón apilado y limpio para ser transportado a las empresas de energía. En las oficinas están reventadas las puertas. Y en los laboratorios donde se analizaba la calidad del carbón todo por los suelos, fotocopiadoras, impresoras, ordenadores, archivadores.

En esa misma explanada hay un depósito con aceite que lo está vertiendo y contaminando los alrededores, y a pocos metros vecinos de Villablino hacen ejercicio en bicicleta o a pie y lo observan, pero se ve que nadie tiene capacidad de tomar medidas.

Pero si esto me sorprende y me asusta, aún me queda mucho más por ver, porque en el Pozo y Mina de Calderón, donde se jubiló mi padre hace ya muchos años, los vestuarios y duchas de los mineros me hicieron recordar  la mala experiencia que tuve en el conflicto de Sarajevo. Aquí  también parece haber sufrido un bombardeo, están  llenos de excrementos de todo tipo de ganado que lo utilizan para refugiarse del frío y del calor.

Pero es mucho más grave entrar en una oficina y observar todos los archivadores reventados y con las fichas personales con sus nombres y apellidos y fotografías de los trabajadores  y sus expedientes y nóminas esparcidos por los suelos.

Se me revuelve el estómago al venirme a la cabeza que a través del visor de mi cámara me puedo encontrar con la ficha de mi padre con su fotografía.

Así que ya no vale la pena seguir fotografiando tanto desastre y desprecio y ruindad e indignidad.

El pozo de Calderón está lleno de agua con el peligro de que se pueda producir alguna desgracia para algunos transeúntes.

Después de toda esta experiencia, dudo que nuestros gobernantes sepan resolver el  futuro del Valle y sus habitantes cuando no son capaces de pedir responsabilidades a los causantes de este desastre.

Ahora entiendo  por qué los mineros y sus familias se sienten con el carbón al cuello.

Mondelopress.com

 

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