La exquisita cereza roja del Jerte

La cereza roja del Jerte

Con la fresca y de madrugada en la finca La Bercedas, a los pies del pico Calvitero, el más alto de Extremadura, la familia de los Quilinos – Marcos y sus padres Ángel y Dolores- comienzan una jornada de recogida de la cereza. La famosísima, con razón, cereza del Jerte. Producto de este valle espectacular que en tres ocasiones cambia de color: en primavera es blanco con la flor de los cerezos, ahora predomina el rojo brillante de la cereza y en el otoño, todos los matices desde el verde al ocre y amarillo, procedentes de cerezos, castaños, robles, olivos y otros árboles.

Acompaño a Marcos a su trabajo en su furgoneta por una pista de cemento durante 10 km con muchas curvas y fuertes desniveles que me recuerdan a los grandes y famosos puertos del Tour de Francia, que cruzan los arroyos de agua que sale de las montañas que utilizan para el riego. Desde lo alto se ve mucha actividad de familias y trabajadores, concentrados en la recogida de la riquísima, brillante, roja, dulce y nutritiva cereza, Prunus cerasus o prunus avium en su denominación científica.

Marcos es un joven ganadero y agricultor, de esas personas que piensan en positivo. Va tomando el relevo de sus padres, grandes conocedores de la producción de la cereza, en una finca con varios cientos de cerasus, con las puntas de las ramas entrelazándose y con visible exceso de producción que parece que va a doblar las ramas del peso de las cerezas que tienen de las variedades Durón, Lapins, California y Picota.

Marcos lleva un cesto de mimbre colgado con un artilugio de madera de encina (Garabato) que cuelga del hombro para recoger las cerezas, subido en un árbol con mucha dificultad para el equilibrio y con mucha paciencia y mucho mimo pasa las horas trabajando.

Luego tendrá que seleccionar las cerezas una a una con las manos y cargarlas en cajas y transportarlas a la Cooperativa Frutícola Tornavaqueña.

Marcos me comenta que este año la cosecha es inferior en cantidad a la del año pasado pero es mejor en calidad. Toda su producción –unos 5000 kilos en su caso- la exportan a Inglaterra y Alemania, donde la lleva uno de sus hermanos en un tráiler.

El trabajo es duro, pero gusta esta explosión de color y de futuro viendo junto a los cerezos de 40 años al lado de unos plantones jóvenes preparados para el relevo. También anima observar tanto movimiento de camiones, furgonetas y de las cooperativas, e incluso de autobuses con visitantes que se acercan a comprar el fruto tan preciado de temporada, la exquisita cereza roja del Jerte.

Mondelopress.com

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