Txiki Benegas

Txiki Benegas: El político que más respetó mi trabajo

El respeto y reconocimiento al compromiso público de Txiki Benegas y a su calidad humana fueron unánimes tras su fallecimiento. Yo añado que esos elogios fueron justos y merecidos.

Lo conocí en 1982 en el Parlamento de Euskadi, en la ciudad de Vitoria-Gasteiz, cuando yo trabajaba para EFE.

Y empecé a tratarlo cuando me ofreció la oportunidad de hacerle la foto para el cartel a las Elecciones Generales. El encabezaba la lista al Congreso por Alava. Eran tiempos difíciles en Euskadi, y más para un político como Txiki, que siempre estuvo en el punto de mira de los terroristas, pero también convencido del camino que había que seguir para resolver ese problema.

A mí me llenó de ilusión ver la foto que le hice por todas las paredes de las calles de Alava, pero sobre todo lo valoré como un gesto de confianza y respeto profesional.

Era muy activo y tenía claro lo importante que eran los medios de comunicación, y en especial la imagen. Por eso, era fácil seguirlo y reflejar su campaña: lo mismo escuchaba con toda atención las reivindicaciones de los trabajadores en una fábrica, que bailaba con la novia en una boda, o jugaba al fútbol con unos chavales en la plaza de un pueblo, o echaba una partida de pala con los escoltas.

Tenía un equipo extraordinario y de confianza: Checho, que era su sombra y el más próximo; Carlos Carnicero, su asesor de prensa, y Ana Miranda Lage, secretaria de Comunicación.

Fueron unos días magníficos recorriendo Euskadi con un joven candidato que estaba siempre pendiente de todo. No se podía bajar la guardia ni un momento pero él transmitía seguridad y hacía fácil y motivo de orgullo estar a su lado y detectar sus sentimientos. Con lo que la amistad surgió enseguida entre nosotros.

Y poco después, en la campaña del 84 para el Parlamento Vasco, tremendamente dura, vivimos un momento que nos unió más. Era el 23 de febrero, a tres días de las elecciones. Estábamos en el hotel Ercilla, de Bilbao, en un apartamento que llamábamos El Palomar, cuartel general del candidato cabeza de lista por Guipúzcoa, Enrique Casas.

A primera hora de la tarde, en un salón con un sofá y unas pocas sillas en semicírculo estaban reunidos Ramón Rubial, presidente del PSOE; Alfonso Guerra, vicepresidente del Gobierno; Txiki Benegas, Ramón Jáuregui y Ricardo García Damborenea.

Cuando yo iba a tomar unas fotos de la reunión sonó el teléfono y fue Benegas quien contestó. Era el presidente del Gobierno, Felipe González, quien llamaba para dar personalmente la mala noticia de que acababan de asesinar a tiros a Enrique Casas en su domicilio de San Sebastián.

Todos nos quedamos mudos, con una profunda tristeza. Hombres como Rubial, que había visto tantas desgracias en su larga vida, fue incapaz de contener las lágrimas. Y no sólo él. Era un sentimiento muy fuerte lo que se mascaba en aquella habitación.


Y ahí es cuando te das cuenta de la valía de personas como Txiki y Guerra, que asumieron su responsabilidad de Estado y se sobrepusieron a la pena para controlar la situación y animar y coordinar a los suyos, dentro del respeto absoluto y la desolación por el compañero muerto.

Yo me di cuenta enseguida de que estaba siendo testigo de cómo aquellos hombres luchaban por la libertad de nuestro país y sólo pude hacer media docena de fotos, pero consciente de que eran imágenes para la historia.

Ninguno de los presentes hizo la menor insinuación de que yo estorbara allí. Y años después reconozco que mi ego profesional le debe mucho a aquellos hombres, en especial a Txiki, que supo darme esa confianza y respeto a lo largo de los años en que trabajamos juntos.

25 años después de aquella escena inolvidable, Txiki me citó a su despacho para invitarme a colaborar en los libros de homenaje a Enrique Casas y a Fernando Múgica.

Benegas repasa mi trabajo fotográfico y me dice: Mondelo, cuánta transparencia, profesionalidad y proximidad transmiten estas fotos.

Yo le dije que eran reflejo del respeto que él me tuvo y de la libertad que me dio para hacer esas fotos.

Estoy seguro de que mi amigo José María Benegas, Txiki, será una de las personas largamente recordadas y con agradecimiento por su trabajo y lucha por la libertad de nuestro país.

Gracias, Txiki, por todo lo que me has dado. Ha sido un honor y un orgullo ser tu amigo y colaborador.

Te admiro, mi Lehendakari.

Un abrazo.

Mondelo

Mondelopress.com

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