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Pastoreo: duro trabajo bucólico muy poco reconocido

Pastor Jesus Miguel Bravo

En la localidad toledana de Orgaz a las cinco de la mañana se visualiza lo de ser tratados como borregos.

Son las cinco de la mañana en Orgaz (Toledo), una población de 3.000 habitantes. Hay luna llena, aunque con niebla, y cero grados.

Jesús Miguel Bravo lleva desde los siete años rodeado de ovejas. Ahora tiene 50 y se dispone a empezar su trabajo cotidiano, más bien su pasión, con su rebaño de 500 merinas (de las razas manchega y francesa Lacaune) y una docena de cabras.

Estamos en una sala con azulejos blancos, muy limpia, muy bien organizada y montada. Parece el habitáculo para análisis de cualquier hospital lleno de pacientes, pero es una sala de ordeño con máquinas automatizadas, de la que Miguel se siente orgulloso como buen profesional.

Aquí –dice- es muy fácil comprender el dicho de que nos tratan como borregos.

Efectivamente, las ovejas corren a toda velocidad para entrar en tandas de 18 y en filas una detrás de otra en los cubículos donde les conectan los aspiradores que les sacarán algo tan apreciado como su leche.

El truco para su loca carrera es que tras exprimirlas les espera un exquisito pienso como desayuno. Por eso van todas, obedientes como borregos, a la máquina de ordeño. Ahora lleva poco tiempo porque es época de poca leche.

Miguel y su hermano menor, David, sólo acaban de empezar sus tareas. Después tendrán que limpiar las máquinas de extracción y la sala, lo que volverán a hacer otra vez en la jornada, y más tarde las cuadras.

Luego rellenarán los pesebres con más comida, aunque esto ya lo hacen con tractor.

Miguel se compadece de mí y hace un fuego para contrarrestar el frío que hace en los corrales. Los perros empiezan a ponerse nerviosos. Saben que nos vamos a marchar al Careo con todo el rebaño.

El buen pastor coloca los aparejos a su burra Silvia, de color negro, diez años y más que lista. Como en el campo no hay restaurantes, mete su avituallamiento en unas alforjas que muestra con emocionado cariño porque las hizo su padre con cinta de empaquetar palets de ladrillos y muchas horas.

También las utiliza para llevar corderos recién nacidos o si alguna oveja enferma.

Y así iniciamos la marcha. La burra Silvia, los perros Loli, María, Pablo y Pablo padre y el rebaño con las quinientas ovejas y las doce cabras.

Es un hermoso espectáculo ver trabajar a los cuatro perros en la organización y marcha del rebaño. Miguel dice que son de su máxima confianza y se entiende. Ellos saben conducir la manada. Sin ellos, creo que la labor de los pastores tendría muy difícil el éxito.

Nos ponemos en marcha con el rebaño por una pista de tierra que ocupamos en su totalidad, alejándonos de la preciosa localidad que algunos vinculan al Cid y a Doña Jimena, aunque lo cierto es que la fama le viene del cuadro de El Greco El entierro del conde de Orgaz, que en realidad era el IV Señor de la villa.

Se acerca un ciclista con su bicicleta de montaña y mirando por dónde puede pasar al rebaño. Miguel da órdenes a su perra preferida, Loli, blanca, pequeña, 14 años, siempre pendiente de su dueño. Y en treinta segundos todo el rebaño se pone en fila para que el ciclista continúe su ruta. Es impresionante ver trabajar a la perra. Miguel dice orgulloso que es tan lista que lo único que le falta es hablar por teléfono.

Miguel es una persona humilde y muy ordenado, con las ideas muy claras y muy responsable. Dice que las mejores épocas para el careo son la primavera y el otoño. Se entretiene mucho con las nuevas tecnologías, ya que el teléfono móvil, por ejemplo, le da mucha seguridad y es de gran utilidad para su trabajo.

Es un gran observador y lo ve todo. Camina una media de 30 kms al día, hoy por un paraje muy bonito con lagos y cientos de patos protegidos, y me muestra cinco tumbas hechas en unas rocas enormes a golpe de cincel en el medio del campo.

A mediodía, después de levantarse la niebla y quedar un día estupendo, me invita a compartir y disfrutar de su almuerzo en plena naturaleza: un chorizo muy rico, casero, de la matanza de un gran amigo, con jamón y queso y una cerveza.

Quiero agradecer a Miguel la oportunidad de poder estar unas horas en su vida y ser testigo de la enorme labor que realiza, la poca importancia que le da y lo que disfruta con su trabajo. Muchas gracias.

Mondelopress.com

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1 comentario en «Pastoreo: duro trabajo bucólico muy poco reconocido»

  1. Me he emocionado al leer estas lineas. Y me he sentido afortunada de tener un amigo como Miguel. Haciendo lo que le gusta y mejor sabe hacer. Un beso Miguel

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