Esquiladores unidos por el sudor y las moscas en el duro trabajo

Esquiladores

Hubo un tiempo en que las lanas de Castilla, el vellón, eran nuestra exportación más rentable, camino del norte europeo. Ahora los que las cortan, los esquiladores, trabajan en unas condiciones muy duras y las lanas van en barco a China para lavarlas y vuelven luego a España.

El abulense Antonio García, el extremeño Antonio Cerrato y el vasco Xabi Lasa integran una cuadrilla de esquiladores que en tres meses recorren Andalucía, Extremadura, Castilla la Mancha y Castilla León para esquilar de sol a sol unas seiscientas ovejas por día, dos minutos por unidad de ganado lanar.

La oveja tiene que quedar sin lana, no sólo porque es apreciada para la ropa, sino porque necesita desprenderse de ella para no tener demasiado calor en verano.
Esquilar no es fácil. Más bien, es muy difícil, porque requiere habilidad, fuerza y destreza para no lastimar a la oveja.

De madrugada, nuestros expertos profesionales se colocan sobre una base de madera para estar aislados del suelo, con un cardan con un pequeño motor que transmite la corriente a las maquinillas de esquilar y sujetados a un arnés con muelles que los protege por el pecho, para poder soportar tantas horas de trabajo encorvados sin parar.

Unos ayudantes les van arrimando las ovejas que se pelean en una nave en la que están unas quinientas. Aunque al final quedarán cómodas y ligeras, ahora se resisten a pasar por la maquinilla y, de hecho, muchas se orinan de miedo mientras esperan.

Los esquiladores tardan una media de 2 minutos por oveja, porque algunas tienen mucha lana y otras bastante suciedad, lo que les impide trabajar más deprisa. Lo suyo es una combinación de habilidad para cortar y fuerza para sujetar. Y así a destajo, unos seiscientos animales por día, con tiempo entre uno y otro solamente para limpiarse el sudor.

Esto me recuerda un combate de boxeo, cuando suena la campana, que se van al rincón y se secan con la toalla, Aquí muy extremo, porque un ejército de moscas y mosquitos se lo ponen muy difícil para trabajar, se convierten en un enemigo, que aliado con el sudor supone un estrés permanente, además de la tarea en sí.

Pero los humildes esquiladores me dicen que no es tan duro, mientras los ayudantes les retiran la lana que antiguamente en los pueblos la lavaban en el río para luego varear y meter en los colchones.

Ahora, me comenta Antonio, toda la lana se mete en un barco y se manda a China para lavar y la vuelven a traer de vuelta a España.

A las diez, paran media hora para almorzar y se quitan las camisetas, empapadas de sudor y suciedad, y las colocan en el capó del coche para que se sequen mientras desayunan.

Al coche yo le llamo hotel con encanto, porque es su casa durante los tres meses que dura esta tournee. Allí tienen sus enseres personales y herramientas con un colchón. Para hacer más llevadera la ausencia del hogar, Antonio Cerrato duerme en una almohada del Real Madrid, que dice que le ayuda a descansar mejor.

Pero eso no será hasta el anochecer. Aún quedan muchas horas de trabajo. Prefiero no preguntar lo que cobran por cada oveja que esquilan, porque seguro que es muy poco.

Mondelopress.com

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