De vendimia por la Ribera del Duero

De vendimia por la Ribera del Duero Bodegas Henos. Pérez Pascuas

EL AMOR POR LA TIERRA Y EL VINO DE LOS HERMANOS PÉREZ PASCUAS

“Este tiempo es un regalo del cielo para la vendimia”, dice complacido Benjamín. Y lo dice porque el día está despejado, la temperatura es agradable y, sobre todo, no llueve. Se dan las condiciones ideales para recoger el medio millón de kilogramos de uva que proporcionan las 145 hectáreas de viñas que los hermanos Pérez Pascuas tienen en la localidad burgalesa de Pedrosa de Duero, de donde tomaron el nombre para su Viña Pedrosa.

Pero ni Benjamín ni sus hermanos Manolo y Adolfo se agachan ya para recoger los racimos de uvas que han producido las parcelas que rodean una de las bodegas más importantes de la Ribera del Duero. Tres grupos de diez vendimiadores cada uno, llegados de La Carlota y Palma del Rio (Córdoba) y Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), cortan uno a uno los racimos de uvas, con rapidez pero con el cuidado suficiente para que solo los que están en óptimas condiciones lleguen al remolque. Ya un mes antes se realizó el aclareo, para reducir el número de racimos por cepa en pro de una mejor calidad.

En su juventud los tres hermanos vendimiaron años y años. Ahora Benjamín tiene 83 años, Manolo 71 y Adolfo 69. Desde 1980 dirigen la bodega que lleva su hombre, Hermanos Pérez Pascuas, que fundaron sobre las 20 hectáreas que les dejó su padre, Mauro, del que heredaron “el respeto a la tierra y el trabajo bien hecho”.

Cuando trabajaban con su padre pertenecían a la cooperativa local, “pero no veíamos una perra” recuerda Benjamín, y decidieron salirse. Adolfo cuenta que fueron malos momentos: “se llegaron a arrancar en la zona 15.000 hectáreas por el bajo precio de la uva, no se sacaba para gastos”. Los tres se fueron a trabajar a otro pueblo en una tierra alquilada y hasta pensaron en comprar 500 ovejas.

Pero su padre, que amaba el terruño que había trabajado toda la vida, les marcó el camino: “No seáis tontos, si la viña ahora está mal, volverá a su cauce”. Y los tres, siempre juntos, apostaron por las viñas. “Nadie nos daba la razón, ahora nadie nos la quita”, dice un Benjamín siempre sonriente. Si cuando fundaron la bodega la producción era de 120.000 kilos de uva, ahora llegan a los 550.000 y de cada cosecha salen más de medio millón de botellas, de las que el 44 por ciento exportan a 38 países.

Estos “Hermanos de la tierra”, como ellos mismos se llaman, trabajan uno de los viñedos propios de vid más vieja de toda la Ribera del Duero, con un 90 por ciento de uva Tempranillo y 10 por ciento de Cabernet-Sauvignon. Todo, insisten, con un especial cariño a la tierra. “Mi madre casi me tiene debajo de una cepa”, comenta Adolfo mientras muestra racimos que acaban de ser desechados al no cumplir sus exigencias, aunque para un profano parezca que están en buenas condiciones.

Es por conseguir la máxima calidad que vendimian a mano y no con maquinas, como ocurre en el 35 por ciento de las grandes extensiones. No tardan más de diez minutos en llevar las uvas desde las cepas más lejanas a la tolva, al estar el viñedo prácticamente a pie de bodega. Antes de partir a por más racimos, el remolque se limpia hasta que no queda rastro de haber transportado uvas.

Pero llegar a esta primera línea en la Ribera del Duero no fue fácil. Adolfo se dedicó a viajar, primero por España y después por todo el mundo. Conoció como trabajan en Australia, Argentina, Chile… “donde hacen un vino muy comercial pero que no se puede comparar con el de la Ribera, una zona privilegiada”. Allí donde iba se encontraba con que no conocían la región y, menos aún, su pueblo. “Abrimos un camino que luego siguieron otros bodegueros”.

La buena marcha de Viña Pedrosa tentó a inversores que querían hacer una producción más industrial, entre ellos un conocido bodeguero y una entidad bancaria, pero siempre tuvieron claro que lo suyo es un negocio familiar, en el que ya trabaja una nueva generación, un hijo de Benjamín, José Manuel, enólogo, y dos de Adolfo, Dani, responsable de viñedos, y Adolfo, comercial.

Mientras Manolo atiende a visitas comerciales, Benjamín y Adolfo hablan con tanta pasión de la belleza del lugar en el que están los viñedos, de las cepas de 80 años de su padre, de las instalaciones de la bodega que casi se olvidan de los múltiples reconocimientos que les han concedido, tanto nacionales como internacionales, como tener cuatro vinos por encima de los 92 puntos en la clasificación de Robert Parker, uno de los críticos de vino más influyentes del mundo, o ser la ”Bodega del año 2014” según la prestigiosa revista Wine & Spirits.

Pero lo que no se les olvida, y lo cuentan con orgullo, es que etiquetaron un vino especial para Juan Pablo II, para la Misa del Gallo, y otro para el rey Juan Carlos, que visito la bodega hace tres años.

En este punto, alrededor de una mesa y con una copa de Viña Pedrosa crianza en la mano, Benjamín dice que no hay nada mejor que el vino, “fuera de las mujeres” aclara risueño. “Se lo tenemos que agradecer todo al vino, te relaciona con la gente. Nosotros hemos hablado con el Rey, del Bosque…” y salen nombres y más nombres de personalidades que han pasado por la bodega, políticos, embajadores, científicos, deportistas… Benjamín y Adolfo confiesan que se beben a lo largo del día una botella, cada uno, de alguno de sus tintos.

La satisfacción de Adolfo es plena: “Todo de la nada. Te sientes muy orgulloso. ¡Si levantaran la cabeza nuestros padres!”.

C. Bello. Mondelopress.com

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