El retorno de Largo Caballero al país que jamás firmó la paz

Siempre quiso ser enterrado en el cementerio civil de Madrid, junto a su esposa, Concepción Calvo, y varios líderes políticos y sindicales con los que trabajó codo con codo en los primeros años del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y la Unión General de Trabajadores (UGT). Y se cumplió su deseo: el 8 de abril de 1978, Francisco Largo Caballero recibía sepultura en la capital de España, el país del que partió exiliado al final de la guerra civil, hacía 39 años. Cientos de miles de personas  acompañaron el féretro de quien había sido presidente del PSOE, secretario general de la UGT, concejal, diputado, ministro y jefe del Gobierno.

No era el primer entierro de este madrileño nacido en 1869. Sus últimos años transcurrieron en Francia, donde recién acabado el conflicto español le sorprendió el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Los ocupantes nazis recluyeron al anciano izquierdista en el campo de concentración de Sachsenhausen (Alemania). Contra todo pronóstico, logró sobrevivir y, terminada la guerra, volvió a París. Pero por poco tiempo. En 1946 fallecía y era enterrado con honores en el célebre cementerio de Père Lachaise.

Allí permanecería 32 años, hasta que el comienzo de la Transición democrática en España permitió la repatriación de sus restos, a instancias de una UGT y un PSOE que acababan de recobrar la legalidad y cuya capacidad de movilización entre las clases trabajadoras quedó patente en aquel sepelio de 1978 en Madrid.

Unas 400.000 personas asistieron al acto, según la Policía Municipal. Puños en alto al ritmo del himno izquierdista “La Internacional” marcaron la marcha del cortejo fúnebre, encabezado por los líderes de la UGT y el PSOE, Nicolás Redondo y Felipe González, quienes diez años después se enfrentarían por las reformas laborales del gobierno presidido por el segundo.

Tal aglomeración de personas originó avalanchas a la puerta del cementerio civil, cuyas puertas cerraron los servicios de seguridad socialistas ante la imposibilidad de acoger en el pequeño recinto a tamaña multitud. Finalmente, Redondo subió a lo alto de un todoterreno para decir unas palabras en homenaje al difunto y la muchedumbre desfiló en silencio ante la verja, una riada humana que se prolongó por 45 minutos.

Precisamente una avenida que pasa junto a ese cementerio civil recibiría después el nombre de Francisco Largo Caballero, y así lo mantuvo hasta que en septiembre de 2020 el Gobierno municipal de Madrid, encabezado por el Partido Popular (PP) en coalición con Ciudadanos y con el apoyo de Vox, anunció el cambio de nombre de la calle, a petición de este último partido. La solicitud de cambio de nombre, para la cual se adujo la Ley de Memoria Histórica, afectaba también a un bulevar dedicado a otro dirigente socialista republicano, Indalecio Prieto.

Asimismo, al mes siguiente, octubre de 2020, el Ayuntamiento de Madrid retiró la placa colocada por las autoridades municipales en 1981 en memoria de Largo Caballero en la plaza del distrito de Chamberí, donde estuvo su casa natal.

La placa, retirada a martillazos, constaba de un texto en mármol y un retrato en metal, obra del escultor Pepe Noja, autor también de una estatua del político socialista situada en el área madrileña de Nuevos Ministerios, que ese mismo mes fue vandalizada con pintadas en las que se leía “asesino” y “rojos no”.

Texto: Eliseo Garcia Nieto.

Fotos: Mondelopress.com

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