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Adiós a la pandemia y hola de nuevo al Asno en San Vitero.

Hay historias que terminan bien, incluso en estos tiempos revueltos., la de la Feria de San Vitero parece ser una. La exhibición ganadera que ha convertido a ese pequeño municipio zamorano en ejemplo de la recuperación del asno cerró sus puertas a causa de la pandemia de covid, como tantas otras cosas en los dos últimos años. Pero en cuanto el coronavirus salió por la ventana, reentraron por la puerta los pollinos.

Veintidós veces se ha celebrado esta feria anual que congrega a lo más selecto de los jumentos de raza zamorano-leonesa. Quien quiera ver en su esplendor las características de esta variedad -una de las seis razas de burro autóctonas de España- tiene una cita obligada en esta pasarela de la belleza asnal. Los 50 ejemplares exhibidos este año, fuesen buches, guaranes o borricas, lucían cuidados e impolutos, con su pelaje de color terroso que a menudo se extiende en guedejas que les dan apariencia de peluche.

Por algo son los más selectos ejemplares de las cuadras de la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Selecto de Raza Zamorano-Leonesa (Aszal), organizadora de la feria. A los ganaderos de esa organización, y a las ayudas regionales y europeas, deben su supervivencia los alrededor de 1.500 burros de esa variedad que siguen rebuznando en su tierra de origen.

La raza se mantiene por apego al animal y a la tradición. El asno, cuyo trabajo libró del hambre a tantas familias, se ha quedado sin sitio ni empleo, primero por la mecanización del medio rural y luego por su despoblación.

Pero el afán por tener el mejor burro sigue motivando a los ganaderos igual que cuando un semental se pagaba a precio de oro. Al ser un borrico de gran alzada, es idóneo para cruzarlo con yeguas y criar mulas, animales imprescindibles durante siglos en labores agrarias, minería, comercio y ejércitos. Y entre las más cotizadas estaban las hijas de asno zamorano-leonés. Su fama era tanta que George Washington, primer presidente de EEUU y granjero, pidió a Carlos III que le enviara algunos.

Se notaban las ganas del público en esta vigesimosegunda Feria de San Vitero. Más de 6.000 personas -diez veces más que habitantes tiene el pueblo- festejaron el retorno de sus queridos jumentos, en especial los niños, que no paraban de acariciarlos mientras sus padres los fotografiaban.

El éxito de concurrencia se contagió a la subasta. Se adjudicaron dos burras adultas y dos juveniles, una de las cuales se vendió por 2.000 €. Completó la jornada la entrega de distinciones a los mejores animales exhibidos en la jornada, en la que también tuvo protagonismo una selección de ejemplares de otra raza asnal autóctona española, la catalana.

La Feria de San Vitero concluye así con optimismo su edición que más se hizo esperar. Aunque durante este tiempo de forzada ausencia no cesaron el resto de iniciativas puestas en marcha por los esforzados socios de Aszal.

Entre ellas destaca el uso de burros para acompañar al ganado como protección frente a ataques de lobos. Esa alternativa, en la que fue pionera la granja gallega Casa Grande de Xanceda, se basa en la capacidad de los pollinos de detectar desde lejos a los predadores, gracias a su tamaño y agudos sentidos.

También se ha introducido la fabricación de productos cosméticos y alimentarios a base de leche de burra, industria que se explota con éxito en varios países europeos desde hace tiempo, al igual que el uso turístico de los borricos y como desbrozadores para prevenir incendios.

El caso es encontrarle nuevo uso al jumento, porque sus defensores en España llegaron a la conclusión de que, o se le encuentra aprovechamiento comercial o valor social, o dentro de poco engrosará la lista de especies extinguidas.

A la amenaza de desaparición contribuye de modo decisivo la demanda de sacrificio de asnos desde China. El aumento del poder adquisitivo de la población china ha derivado en una multiplicación del consumo de ejiao, una grasa que se obtiene prensando pieles de burro. La creencia sin fundamento médico de que ese producto tiene efectos curativos ha reducido de forma drástica la población planetaria de pollinos y amenaza con exterminarla.

Por Eliseo García Nieto
Mondelopres.com

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